Hechos clave:
  • Al adoptar Bitcoin como moneda de curso legal, los países desligan la economía de la política.

  • Bitcoin es todo lo contrario a las monedas fiat y de allí su valor.

No ha terminado la batalla de los bancos centrales para evitar que Bitcoin se convierta en una moneda de uso global, incluso podríamos no haber visto aún toda su artillería.  ¿Por qué digo esto? Pues, por una razón muy sencilla: ahora es que vamos a empezar a ver las consecuencias de una economía bitcoinizada en países como El Salvador o la República Centroafricana, y a los bancos centrales y otras autoridades financieras no les gustará el panorama, porque afectará directamente su poder.  

Mejor dicho: el cambio ya les está molestando. Cuando hace un año atrás El Salvador tomó la decisión de convertirse en el primer país del mundo en adoptar a Bitcoin como moneda de curso legal, el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso el grito en el cielo. Ahora que una segunda nación ha adoptado a Bitcoin en su sistema monetario, los reguladores financieros de esa región y nuevamente el FMI se han sentido incomodos con la decisión.  

La República Centroafricana autorizó recientemente el uso de Bitcoin como moneda, una ley que parece no haber caído de buen gusto entre las autoridades de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC). Por medio del banco central de esta comunidad, el BEAC, el organismo escribió al presidente para señalar que la adopción de Bitcoin resultaba un peligro para «la estabilidad monetaria» de toda la región.   

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Bajo el argumento de que la adopción de Bitcoin pudiese tener un efecto negativo en los países africanos miembros del CEMAC, la autoridad acusaba a la República Centroafricana de «establecer una moneda fuera del control del Banco Central». Una frase que en boca de los políticos puede sonar como un comportamiento ilegal y reprochable, pero que en la práctica no debe suponer una preocupación y es, incluso, el fin último de Bitcoin.  

Sí, uno de los beneficios de usar a bitcoin como moneda legal es que deja obsoletos a los bancos centrales, cuyo papel en la gobernanza de un país es altamente política al formar parte del Estado. Es decir, al momento de que un país adopta a Bitcoin estaría declarando que separa la economía nacional del poder político y, por ende, de las aspiraciones y necesidades del grupo de turno. De esta manera, los ciudadanos no tendrían que preocuparse por los cambios de poder y las decisiones que tomen los políticos en mando.  

La muerte de las finanzas centralizadas 

Si tenemos claros cuáles son los principios de Bitcoin y la manera que funciona como sistema monetario, resulta entendible porque entidades como el BEAC se sienten amenazadas ante la aprobación de la criptomoneda como moneda de curso legal. Primero que nada: Bitcoin es una tecnología descentralizada, por ende, no necesita de terceros que emitan sus unidades ni muchos menos que la regulen.  

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Bajo esta consigna, Bitcoin resulta ser todo lo contrario a una moneda fíat. El dólar, el euro, el yen, así como cualquier otra moneda acuñada por un Estado, es dinero emitido por el Banco Central. Esta entidad se encarga de determinar las normativas del sistema monetario, regular su uso y asegurar su distribución. Todo esto de manera centralizada, bajo el mandato de una persona y el trabajo de una cúpula, la cual está muy cercana al poder gubernamental.  

Debido a ello, dicho sistema centralizado es vulnerable a vicios, porque los bancos centrales no son tan independientes de las decisiones gubernamentales que se toman en una nación. En este sentido, se pueden introducir medidas y hacer cambios en el sistema monetario con tal de beneficiar los objetivos políticos del momento o enriquecer a una cúpula.  

Un ejemplo de ello es la impresión de dinero inorgánico. Dicha práctica es común entre los bancos centrales de distintas partes del mundo y es aprobada por el gobierno, decidiendo hacer circular más capital con el fin de cubrir la deuda del Estado. Una medida que genera problemas de inflación, empobrece aún más a los ciudadanos del país y debilita la economía nacional. Lo más grave de esto es que es un método que usan muchas entidades alrededor del mundo, con más del 60% de la población mundial sufriendo inflación de más de 2 dígitos en sus mercados internos.  

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En este sentido, que un país adopte a Bitcoin es un paso para eliminar estos vicios desde la raíz. Al ser una moneda descentralizada, cuyas políticas monetarias están planteadas desde sus inicios en un protocolo y programadas para automatizar su funcionamiento, resulta imposible que una entidad central altere las unidades a emitirse. Cualquier cambio en el código de Bitcoin debe primero someterse al consenso de todos los miembros de la comunidad, quienes velan por el valor de la moneda y el buen funcionamiento de la red.  

Por si fuera poco, desde su origen Bitcoin es deflacionario. Es decir, tiene una política monetaria en donde se plantea que el suministro de monedas será limitado, así como que irá disminuyendo de forma programada con el paso del tiempo. Esta es una de las características más celebradas en la comunidad bitcoiner, puesto que tiene el objetivo de evitar que el capital de los usuarios se disipe por la emisión indiscriminada de unidades y se plantea la posibilidad de que más bien se revalorice por su escasez.  

Aunado a todo lo anteriormente descrito, también resulta muy difícil que una entidad centralizada como un banco central pueda regular las transacciones de Bitcoin o modificar su data. El procesamiento de cualquier información dentro de la red de Bitcoin es una actividad comunitaria, la cual depende de la participación en la Prueba de Trabajo (PoW), que es una actividad que cualquier persona con una computadora, un equipo de minería y conexión a Internet puede hacer. 

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Debido a ello, el banco central de un país no podría ser la única entidad que se encargue de monitorear las transacciones de la red, perdiendo sus facultades como regulador del sistema monetario. Asimismo, Bitcoin es resistente a la censura, porque su funcionamiento dificulta el bloqueo de transacciones o capital. Adicional, es inmutable, porque la forma en que fue creado impide que cualquier miembro de la red altere la información allí almacenada.  

Tal y como podemos ver, esto hace a Bitcoin un sistema monetario robusto capaz de minimizar los abusos de poder. Bajo esta óptica, es inevitable señalar que en una economía bitcoinizada los bancos centrales pierden el sentido de ser. Debido a que Bitcoin se emite y autoregula sin la necesidad de que un tercero intervenga, entonces no hace falta que exista un organismo financiero central que imponga normativas al sistema monetario del país. Y, por ello, estas autoridades tendrán que transformarse para adecuar sus funciones a la nueva realidad económica o simplemente desaparecer por su obsolescencia.  

Tomando todo esto en cuenta: ¿Cómo los bancos centrales no van a sentirse amenazados con la adopción de Bitcoin y quejarse por estas medidas? Es una actitud muy natural cuando tienes tus días contados. Todos damos patadas en el agua cuando nos estamos ahogando, por eso creo que estamos apenas empezando a ver las primeras reacciones de estas entidades ante el futuro cada vez más cristalizado de Bitcoin.  

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Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias.

Autoria desde Criptonoticias.com