En Twitter, leemos cosas que simplemente no tienen sentido. Se venden ideologías que muchos compran. Sin embargo, a partir de cierto punto, hay narrativas que no se ajustan muy bien con la realidad. Muchos se dejan seducir por estos credos. Pero hay muchos puntos ciegos en la propaganda. El dólar, por ejemplo, es un tema muy polémico en Criptolandia. Bueno, hablamos del dólar.

Para muchos, el dólar es sinónimo del gobierno de los Estados Unidos. No es un secreto que la derecha más conservadora en los Estados Unidos se opone a toda intervención estatal en la economía. No me refiero a los republicanos per se. Me refiero a sectores más radicales. En este caso, hablo específicamente de los libertarios y anarco-capitalistas. Estos grupos son fieles creyentes del fundamentalismo de libre mercado, la libertad personal y liberalismo clásico. Dentro de ese grupo, tenemos dos subgrupos: Los tecnófilos y los escarabajos del oro. Los primeros se ubican en Silicon Valley y en cripto. Y los segundos los podemos encontrar en el mercado del oro y en el Estados Unidos rural y rojo.

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Ambos grupos son conservadores. Y ambos grupos son reaccionarios en lo económico y antiestatistas en lo político. En estos círculos, el dólar se ha convertido en el sinónimo de la izquierda progresista. O sea, el socialismo vs el Estados Unidos de Thomas Jefferson. El keynesianismo y la escuela austriaca. En el fondo, es una batalla de ideologías políticas al estilo de los años 70 y 80.

¿Cómo piensa un conservador radical? Utilicemos un ejemplo extremo para obtener claridad analítica. Usemos como ejemplo al padre de Warren Buffett y amigo de Murray Rothbard, Howard Buffett. Howard se opuso a la doctrina de Truman y al Plan Marshall. Fue un defensor del patrón oro y de limitar al gobierno en inflar la moneda. Nos cuenta Warren Buffett que su padre compraba oro. Incluso, compró una granja para autoabastecerse como un granjero yeoman en caso de una gran crisis. ¿Por qué? Porque estaba convencido del inminente colapso de la economía estadounidense debido al mal manejo por parte del progresismo. He ahí la clave de la mente conservador: El miedo y el pesimismo.

Recordemos el libro infantil El Maravilloso Mago de Oz. “Oz” viene de oro. Tenemos el camino dorado. Las zapatillas de plata. En el cuento original, las zapatillas de Dorothy son de plata, no rubí. Y tenemos todas las clases sociales. El hombre de hojalata: El trabajador de la industria. El hombre de paja: El campesino. El león cobarde: La clase política conservadora. La bruja: Los malos actores ¿El Mago de Oz? La impresión indiscriminada de dinero por parte del Estado. En otras palabras, una estafa. La obra fue escrita por Lyman Frank Baum y publicada en 1900. En fin, este debate no es nuevo. Los conservadores llevan siglos advirtiéndonos del colapso.

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Ahora bien, ¿cómo piensa el inversor inteligente? Históricamente, el optimismo es mucho más rentable que el pesimismo. He ahí la diferencia entre Warren Buffett y su padre. El conservador cree en el ahorro de una moneda dura. El inversor cree en la inversión en activos. El inversor asume riesgos en tiempos de prosperidad y se vuelve más cauteloso en tiempos de incertidumbre. Se trata de ciclos financieros. No de colapsos catastróficos al estilo conservador.  

Los grandes capitales en el mundo de hoy tienen inversiones. En tiempos de una política monetaria flexible, la liquidez es mucha y el precio de los activos normalmente suben de precio. Lo que comúnmente llamamos ciclo alcista. En tiempos de una política monetaria restrictiva, el mercado se vuelve más cauteloso y asume menos riesgos. O sea, tenemos, por lo general, un ciclo bajista. En épocas de bonanza, el dólar tiende a bajar. Y, en días de incertidumbre, el dólar tiende a subir. Un dólar débil estimula las exportaciones y el endeudamiento. Un dólar fuerte estimula las importaciones y aumenta el riesgo de impagos.

Durante el pánico de la pandemia en marzo del 2020, el dólar se disparó creando una crisis a nivel global. Se inyectó liquidez a niveles históricos para frenar un hundimiento más profundo. El dólar comenzó su debilitamiento creando un boom financiero. El Dow, Nasdaq, El S&P 500, Bitcoin y la mayoría de los mercados se dispararon mediante la intervención estatal de la economía. En otras palabras, la pesadilla de los conservadores. ¿Qué hicieron los bitcoiners? Reír y llorar al mismo tiempo. La vena conservadora criticaba las medidas monetarias. Y, por el otro lado, el bolsillo celebraba las subidas del precio.

Por fin, la Reserva Federal se está preparando para apretar el cinturón en lo monetario. En efecto, el dólar se ha recuperado bastante desde sus mínimos. ¿Qué estamos haciendo los bitcoiners? De nuevo. Reir y llorar. Pero a la inversa. Los mercados caen. Y la Reserva Federal retirará liquidez. En mi caso, el asunto es sencillo. No sigo dogmas. A mí me duela mi bolsillo por encima de todo. No soy conservador ni progresista. Soy inversor. Estudio la macroeconomía para determinar mi precio de entrada y mi precio de salida. Me preocupa mi portafolio. No la utopía libertaria. 

Pese a la volatilidad y a una mayor lentitud, me gustaría pensar que habrá crecimiento este año 2022. Es decir, aún no estoy listo para decretar el fin del ciclo alcista y el inicio del ciclo bajista. De hecho, pienso que Bitcoin está a precio de oportunidad. Estamos en el piso y muy cerca del piso. Tendremos un dólar más fuerte. Pero, difícilmente, un dólar demasiado fuerte. Porque la Reserva Federal no tiene más opción que moverse gradualmente para no crear una crisis.

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¿Por qué los mercados suben con las declaraciones de Powell en el Congreso durante la toma de su nuevo mandato como director de la Reserva Federal? Los mercados entraron en pánico con las minutas de las reuniones de diciembre. Pero todo parece indicar que se trató de un malentendido. Powell calmó a los mercados con su tono firme pero moderado. O sea, es bueno saber que no se volvieron locos en la Reserva. Las cosas se van a dar en su momento oportuno. Paulatinamente. El mercado, al parecer, sobrereaccionó. Porque todo se dará por pasos. Buenas noticias. El optimismo regresa. Los mercados suben.

Asumo que el dólar se moverá en una tendencia volátil pero bastante paralela el resto del año. No creo que baje demasiado. Y no creo que suba demasiado. Tendrá sus fluctuaciones. Ahora bien, no habrá una recesión. Pero tampoco un crecimiento muy agresivo. Sería muy exagerado decir que será un año particularmente “bullish” para el dólar. Bueno, esperemos que no.

Tomado del sitio Cointelegraph