Históricamente, el último trimestre del año suele ser alcista. Lo que cae de las mil maravillas para el precio de Bitcoin, porque acabamos de romper el máximo histórico. Eso quiere decir que el objetivo de 100.000 dólares por unidad para este año es posible. Claro que nunca es fácil hacer predicciones de este tipo. Pero podemos hacer especulaciones. ¿Qué necesitamos para que Bitcoin llegue a los 100.000 dólares? Sencillo. Necesitamos demanda. 

En este espacio, el modelo de predicción más popular probablemente es el modelo Stock/Flow. Este modelo utiliza el suministro y el flujo de Bitcoin para predecir su precio, basándose en la escasez como fuente principal de valor. En otras palabras, Bitcoin es valioso, porque es escaso. Lo que implica que cuanto más escaso sea, más valioso será. Resulta obvio que este modelo se inspira en la teoría de valor marginal, muy popular entre los economistas conservadores. Ojo, esta teoría es realmente brillante. El problema es que cualquier teoría mal implementada se puede llegar a convertir en un instrumento sumamente ineficaz. 

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¿Cómo comenzó todo esto? En primer lugar, tenemos el dilema del agua y los diamantes. ¿Por qué el agua, siendo más importante para nuestra sobrevivencia que los diamantes, es mucho más barata? En efecto, el agua es muy importante. Pero su abundancia disminuye su precio. Los diamantes, por otro lado, por ser un recurso bastante escaso, suelen tener un precio elevado. En otras palabras, la escasez es más importante que la utilidad. Si la utilidad fuera más importante, el agua, por ser más útil, tendría un mejor precio. Sin embargo, ese no es el caso. 

En el modelo Stock/Flow no se habla de la demanda. O sea, la demanda se ignora por completo. Únicamente se toma en cuenta el inventario de unidades en circulación y el flujo de nuevas monedas. Curiosamente, a este flujo en relación al suministro se le llama “inflación”. Lo que es francamente absurdo. Entonces, se escuchan frases como esta: “Bitcoin, después del halving, tendrá una inflación inferior a la inflación del oro”. Obvio que aquí se está confundiendo “emisión” por “inflación”. Lo que, a su vez, demuestra el gran malentendido presente en todo esto. El modelo stock/flow es un modelo construido desde el dogma. No es un modelo construido desde la evidencia. 

¿Qué es Bitcoin? Bitcoin es, por encima de todas las cosas, un código en una red de computadoras. Bueno, en realidad, es un listado de códigos. Estos códigos son utilizados para representar una tasa de cambio. La palabra “intercambio” denota la presencia de dos elementos. Supongamos que estamos en una isla desierta con una cartera repleta de Bitcoin. Tenemos el código. Pero estamos solos. Lo que implica que el intercambio no es posible. Es decir, no hay mercado. En otras palabras, la tasa Bitcoin es $0. Sin embargo, el modelo stock/flow nos dice algo completamente diferente. Este modelo estudiaría el suministro y el flujo para predecir el precio. En este caso, según el modelo, el precio estaría por las nubes. Sin embargo, en la práctica, el modelo estaría generando expectativas sumamente irreales. 

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Nos guste o no, el precio de Bitcoin está directamente relacionado al dólar. El BTC/Dólar es, definitivamente, el par más importante. Lo que implica que el precio de Bitcoin requiere capital para aumentar. Por ende, una política monetaria laxa es mucho mejor para el precio de Bitcoin que una política monetaria con restricciones. Una elevada liquidez es positiva para el precio. Y la reducción de la oferta monetaria es perjudicial. Un dólar fuerte baja el precio. Y un dólar más débil aumenta el precio. Todo esto se relaciona con el humor de los inversores. Un inversor optimista asume riesgos en sus inversiones. Un inversor pesimista evita riesgos y no gasta su capital. 

¿Por qué tanto entusiasmo últimamente? Si bien es cierto que la Reserva Federal ha venido anunciando una reducción gradual de los estímulos debido a un sobrecalentamiento económico, los ingresos corporativos han estado mejor de lo esperado. O sea, los negocios están haciendo dinero. Hay crecimiento. Hay una recuperación en proceso. Las fallas de producción y distribución son importantes. Y la inflación es sumamente preocupante.  Pero la economía se está reactivando. Este crecimiento se traduce en optimismo. O sea, los inversores creen en el futuro y están buscando maneras de invertir su capital. 

El aumento del precio de Bitcoin es una derrota para los pesimistas. Las personas no están comprando Bitcoin, porque piensan que las cosas están mal. Todo lo contrario. Estamos comprando, porque piensan que las cosas van bien. Obviamente que hay problemas. Pero se asume que estos problemas son pasajeros. Se invierte hoy, porque se asume que mañana estaremos mejor. 

¿Qué se necesita para que Bitcoin llegue a 100.000 dólares? Demanda. Y esta demanda dependerá de la fortaleza económica de los próximos meses. En especial, tenemos que estar muy pendientes del sector tecnología. El sector “crecimiento” es mucho más especulativo que el sector valor. Una rotación hacia el sector valor es frecuente en un mercado conservador. Y el conservadurismo no es lo ideal para Bitcoin. Necesitamos un mercado tolerante al riesgo. Y esto es posible en momentos de gran optimismo económico. 

Noviembre y diciembre son meses claves. Son meses de mucha actividad económica. El consumo genera ingresos. Y los ingresos estimulan la inversión. Eso es, precisamente, lo que se necesita. Un inversor optimista dispuesto a invertir, porque cree en el futuro. Las condiciones están dadas para que Bitcoin llegue a los 100.000 dólares este año. No es seguro. Pero la probabilidad está en la mesa. 

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Los inversores, sin lugar a dudas, necesitan una esperanza. Necesitan una luz al final del túnel. Debemos estar dependientes de los anuncios de la Reserva Federal en materia monetaria y de todo lo que ocurra en el Congreso estadounidense en materia fiscal. Los inversores necesitan promesas de liquidez. He ahí el secreto. La máquina necesita combustible para seguir funcionando. Inyección monetaria, gasto fiscal y producción. El inversor tiene esos objetivos en la mira. Lo menos que necesitamos ahora es pesimismo. 

Muchos bitcoiners se inclinan por el pesimismo por el viejo hábito libertario de criticar a las autoridades monetarias en todo momento. Por costumbre, se quiere pensar que la Reserva Federal siempre está haciendo un mal trabajo. Es una especie de oposición permanente. Una costumbre, por cierto, que los bitcoiners heredaron de los escarabajos del oro. Irónicamente, el precio de Bitcoin no responde muy bien al pesimismo. Históricamente, el precio de Bitcoin responde muy bien al optimismo. Sobre todo, al optimismo más especulativo. Ese optimismo que comúnmente relacionamos al crecimiento del sector tecnológico. ¿$100K para fin de año? Es posible. Todo depende de nuestro nivel de optimismo.

Tomado del sitio Cointelegraph